miércoles, 16 de enero de 2008

soneto

Que otras veces amé, negar no puedo,

pero entonces Amor tomó conmigo

la espada negra, como diestro amigo

señalando los golpes en el miedo.

Mas esta vez que batallando quedo,

blanca la espada y cierto el enemigo,

no os espantéis que llore su castigo,

pues al pasado amor amando excedo.

Cuando con armas falsas esgrimía,

de las heridas truje en el vestido

-sin tocarme en el pecho- las señales;

mas en el alma ya, Lucinda mía,

donde mortales en dolor han sido

y en el remedio heridas inmortales.

lope de vega

Soneto II
Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.
Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.
Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones
tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.

pablo neruda